¿Por qué muero sin morir? ¿Por qué vivo sin vivir?
Me chirrían los caminos que llevan a Roma, porque yo no quiero ir a Roma, pero todos llevan a Roma. Me molesta el simple echo de querer dar más de lo que puedo dar, o más de lo que se debería dar. Me apago, me muero, me marchito, envejece mi alma y todo el mundo quiere más de lo que soy capaz de dar. Solo un respiro, una calada de aire, viento fresco por mi tez y un mar de silencio en mis ideas es lo que quiero ver, pero todo se vuelve oscuro, gris con un sabor amargo en mis labios, ¿qué es? La nada, la nada viene a por mi otra vez. Me ciega, me aplasta, me asfixia, me atrapa.
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