Quién me iba a decir que me sacarías una sonrisa de mis labios ya desiertos, quién me iba a decir que aún me quedaba una por dar. Una que no fuera falsa. Una que no se muriera por el camino a los tres segundos. Una que no estuviese podrida por no saber amar como es debido.
Quién me iba a decir que me enamoraría de lo imposible, que querría ser el mar de tu fuego, que querría ser el fuego de tu mar.
Traicione principios, me llene de falsa elocuencia y me dije que todo iba bien. Me engañe como siempre, porque la flor marchita que me había picado el alma ya me estaba devorando hasta los ojos esa noche en la que te oí entrar. Me enamoraba sin quererlo y en el fondo quería que fuese cierto, a mi corazón aún le quedaba algo por amar.
Pero no podías ser tú, y tampoco podía ser yo. Estábamos podridos Kat, estábamos muertos antes de conocernos. A ti no te quedaba nada y yo era un yonkie con una guitarra al hombro. ¿Qué hicimos mal? ¿Cómo pudo pasar?
Quizá no debimos empezar una guerra que no sabíamos acabar.
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