lunes, 7 de septiembre de 2015

Prólogo- Lazy bones

"Me pone enferma, de verdad que me pone enferma. Yo lo intento, pero me revuelve las tripas, me dan ganas de vomitar, de gritar, de llorar, de golpear las paredes de mi habitación... Y ver que a ti te da igual me hace replantearme si de verdad  alguna vez te preocupaste por alguien más, que no fueras tú y tu ego de mierda..."

- ¿Qué es lo que haces, Lua?
-¿Y si me dejas en paz?-aquella chica  de cabellos azulados, que ya iban quedándose verdosos  por la desaparición del tinte con cada lavado, seguía mirando la pantalla de su ordenador; sin apartarla por un segundo, sin si quiera levantar sus dedos de las teclas. Su piel se reflejaba la mar de pálida, tenía cara de haber llorado y de sentirse mal, no solo emocionalmente, sino físicamente.

-¿Por qué todo lo que tocas se va a la mierda?

-¿Por qué cada vez que hablas me dan ganas de vomitar? Lárgate de una puta vez, necesito mi privacidad- necesitaba pensar por sí misma, necesitaba centrarse en qué iba a decirle, y no en la rabia que se le acumulaba en su vista  y sangraba por sus dedos. Apretaba los dientes por no derramar un solo llanto, aunque luego eso quedaba en un dolor de cabeza por no dejar fluir lo que ya le arrancaba el alma y le hervía las venas.

-Hacia mucho que no escribías,  sólo que esta vez intentas escribir a quien no se lo merece,  ¿por qué siempre te da por arrastrarte cual gusano en busca de una explicación a esas manos que todo lo destrozan? ¿Por qué no acabas con esto de la manera más rápida? No se sufre en ciertas situaciones, Lua.

-CÁLLATE-dio un golpe sobre la mesa con  sus manos al unisono, sus lágrimas ya volvían a salir  a borbotones cayendo por sus mejillas, desquiciando la más si cabía. Respiraba agitada, entrando en pánico para tirar todo lo que  había encima de la mesa; incluyendo ese ordenador que tanto apreciaba. Se encontraba de pie con las manos apalancadas encima de ese escritorio y la cabeza agacha; mojando aquella superficie fría y lisa de madera en la que solía trabajar- ¿Por qué todo tiene que ser tan difícil?...- aquellos no eran más que murmullos llenos de lágrimas y mocos en aquella cara descuadrada por la conmoción. Apenas se entendía aquella frase balbuceada y casi sin vida. Ya le quedaban pocos aspavientos en el cuerpo- QUÉ COÑO LE PASA A TODO EL MUNDO, JODER-gritaba desesperada, tirando de sus cabellos cortados más arriba de la nuca para empezar a empujarlo todo; a tirar todas las estanterías, sus libros, sus pinceles, la línea donde colgaba las fotos... Todo era un maldito caos en aquella habitación. Lanzó la pintura contra la pared, algunos botes se abrieron y acabaron pringando aquellas paredes azules con un montón de salpicaduras; que luego  esparcierón por todos lados con rabia, con desesperación... Y con esa locura que había llamado a su puerta, manchándose hasta el último resquicio de su piel de un millar de colores diferentes, revolcándose en la mugre de sus actos  como si eso pudiera hacer sentirla mejor; y no lo hacía.


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