Siempre que me miras puedo sentir como me juzgas, como me criticas en tus pensamientos, y la sola idea de que jamás haré nada a derechas me martillea el cráneo.
Siempre quise cambiarte de nombre, de cara, de país de identidad y enviar una mini copia de mí contigo, para que no te sintieras sola, para que me conocieras un poco mejor, para poder hablar de ello.
Luego resultó ser que nunca me sirvió de nada, que mentir no iba a hacer que fuese menos verdad que quisiera arrancarme la cabeza, que quisiera morir en el intento antes de volver a oír tus amenazas. Y supongo que haberme despertado bajo un cielo diferente no cambiaba las cosas, que huir lejos pero con la obligación de volver no iba a hacerlas mejorar.
Por último, finalmente me rendí sin dejar de luchar, guardo esperanzas que jamás sabré si son vanas hasta bien llegado el final...
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