Aquel hombre demacrado y decrepito, lleno de arrugas tenía que soportar todo tipo de contestaciones, tenía la cabeza como un bombo y necesitaba una aspirina o un vaso de alcohol, lo que consiguiese antes. Todas aquellas quejas, lamentos y locuras acababan con él poco a poco. Dentro de poco sería él el que querría suicidarse y no los múltiples suicidas que aparecían por su consulta sin si quiera saber como cortarse las venas.
Trabajaba demasiado, o quizás era que las horas reglamentarias se le hacían largas y tediosas. Sólo se sentaba y escuchaba, apuntaba... Y realmente pensaba que algunos estaban demasiado locos. O que simplemente eran tan gilipollas que se habían buscado ellos mismos la ruina. Otros casos eran complicados pero en su gran mayoría eran personas que venían a contar sus problemas porque no tenían a quien.
Menos mal que le pagaban por eso, porque si tuviera que estar aguantando lo todos los días a más de uno lo mataba para que no volviera. Eso le hacía pensar que por este tipo de cosas salían los instintos homicidas de uno.
-Bueno, creo que por hoy ya hemos terminado... Señor...-vacilo un poco antes de mirar los papeles sin que se diera cuenta- Suarez. Esta haciendo leves progresos con respecto a su problema con los patos, por lo que veo... Sólo recuerde que este tipo de animales no le harán daño si no los amenaza. Le será de ayuda...-se despidió de aquel tipo con su fobia extraña y se levanto de su mesa, demasiado indignado para recordar por qué se había hecho psicólogo. Recogió sus cosas cuando la puerta sonó de nuevo- Adelante-se sacó las gafas para colocarlas en su forro sintiendo que quien quiera que había tocado andaba entrando.
-Doctor...-aquella voz que resonó en la sala llena de angustia, lágrimas y desesperación le era muy conocida a ese vejestorio amargado. Aquella voz sonaba rota, con indicios de no haber dejado de llorar de la cual procedía un olor un tanto extraño- Necesito su ayuda...
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