Serían las tres de la mañana, quizás más tarde de eso o más temprano, la verdad ¿quién sabe? Nadie mira el reloj a esas horas; y aquella chica destrozada, tanto por otros como por ella, volvía a estar tumbada en el suelo durmiendo entre el destrozo que habían echo: sus lágrimas; que le habían dejado la mejillas y los ojos rojizos, y aquella droga que le salvaba la vida casi todas las noches desde hacía unos años.
No era nadie, no en esos momentos, ni lo sería si seguía por ese camino. Pero, ¿qué importaba? ¿Qué importaba ya? Ya estaba muerta antes de nacer, como todos. O eso pensaba para excusar sus actos, eso pensaba para excusar que andaba mutilándose a sí misma casi constantemente.
- Despierta, despojo - una voz seria de rostro difuminado para la joven le lanzaba un balde de agua frío para que abriese los ojos- ¿Has visto el destrozo que has echo? ¿Te crees que tas en un puto palacio, reinona de poca monta? LEVANTA- era una voz conocida, y tanto sí lo era, con 18 años anduvo viviendo con sus padres. No podría haberse costeado algo mejor por aquel entonces ni queriendo. Apenas abrió los ojos, aún seguía colocada, hacía nada que se había dormido de tanto llorar.
- ¿.. Madre?- y es que era imposible olvidar esa voz autoritaria que tanto le martilleaba día tras día- Estoy bien aquí... No se mueve...-su voz sonaba baída, eran palabras casi balbuceadas de la droga que llevaba encima. Y es que la hija de aquella condenada mujer era una yonkie de cuidado.
-Levántate, te he dicho, asquerosa. ¿No vas a hacer nunca nada a derechas? No sirves para nada, LEVANTA-la levanto cogiéndola por el cuello de la camisa para partir le la cara de una bofetada una vez la chica parecía mantenerse en pie, haciendo que esta cayera al suelo abriéndose una brecha en la frente gracias al golpe- ¿Qué vas a hacer con tu vida Lua? Tienes dos hermanos, ¿ese crees que es un buen ejemplo, desviada? Recoge tus cosas, he dicho que las recojas, joder. Te largas, te quiero fuera de mi puta casa, no te quiero volver a ver-aquella señora aunque parecía debilucha por lo baja y regordeta que era, tenía bastante fuerza. Iba arrastrando a la chica con una maleta llena de lo primero que pillo en aquel destrozo de cuarto que Lua había armado, hasta la puerta de la salida.
-Mamá... Mamá... Por favor, no... No tengo a donde ir... No me eches. Me he portado bien... He hecho las tareas... Por favor, ¿a donde iré si me echas? Mamá que no tengo a donde ir... Dame una oportunidad... Lo estoy dejando, lo estoy dejando...
Los dos niños menores andaban mirando la escena consternados, horrorizados, temblequeando y lloriqueando un poco desde la puerta entreabierta de su cuarto compartido. Eran muy pequeños para entender que pasaba, sólo veían a su madre arrastrando a su hermana mayor directa a la calle, mientras le gritaba, la insultaba, y le soltaba alguna colleja que otra.
Cuando aquella señora de melena desecha con canas, y con el tinte caído consiguió sacarla de la casa la empujo haciendo que esa chica asustadiza y drogata de 18 cayera por las escaleras del porche, haciéndose par de aruñones con los tablones de madera. Le tiró la mochila encima y la miró con irá y furor.
-No me llames mamá, no soy tu madre, para mi estas muerta, como si nunca hubieses existido, Lua. Y ahora coge esa mochila y lárgate de mi propiedad antes de que llame a la policía y te meta en la cárcel por consumir sustancias ilegales-sus palabras habían sonado frías y contundentes, pero esa madre nunca tuvo especial apego por la "desviada" de su hija. Solo tenía arrugas y manchas en la cara, que ni el maquillaje, ni las cremas podían quitarle. Un pelo descuidado por ese odio a que se lo tocasen, una baja estatura y un dolor de espaldas debido al peso de aquella tripa de osa que llevaba.
Después de esas palabras de desprecio, sin remordimiento y que iban totalmente en serio se metió de nuevo en la casa cerrando de un portazo, dejando a la que una vez fue su hija votada en la calle a las tantas de la mañana, con el cielo aún ennegrecido y nubes que prometían una buena llovizna.
Si antes a su hija la despreciaba, ahora su odio se había triplicado, y como aquella yonkie no le servia de nada prefirió deshacerse de ella como si el único detonante para hacerlo hubiesen sido las drogas.
En esos momento, sin hogar, sin dinero... Sin ningún sitio a donde ir, ni nada a lo que poder aspirar, la chica se levantó del suelo, cogió la bolsa y empezó a caminar por zig zag en la acera, repasando con una de sus manos la brecha que tenía en la cabeza. Caminaba como si le pesaran los pies, iba arrastrandolos como si le fuera imposible despegarse del suelo. Iba penando si podía por lo menos podría dormir esa noche en algún lugar que no careciera de techo... Iba pensando cómo salir de aquello mientras la lluvia se cernía en cima de sus hombros. El colocón medio se le había pasado, y por su mente solo se le pasaba un nombre en esos momentos "Vincent". Ese nombre era el único que pasaba por su cabeza y sin embargo, se sentó debajo del toldo de una pequeña tienda que vendía dulces, colocada en una esquina de la calle al lado de un callejón y se acostó allí, usando su mochila de cojín.
Temblaba de frío por la lluvia que había calado en sus huesos, pero por lo menos así nadie la vería llorar, y simplemente miró el repiquetear de la lluvia en el suelo que tenía delante de ella, con la mente en blanco, y pensando que quizás el mundo no tenía lugar para ella.
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