El sol había salido demasiado temprano para ella esa mañana
en la que le daba en toda la cara, despertándola de una especie de resaca
mañanera, quizás por lo que se había metido en el cuerpo o por lo poco que había dormido. Realmente no
importaba mucho el porqué del asunto. La chica simplemente estaba ahí esa
mañana. Se restregó los ojos aun temblando un poco con aquel frío mañanero que
calaba en sus huesos de manera fustigante.
Era de ese típico frío húmedo que apenas consigues quitarte de encima
cuando te posee en contra de tu voluntad.
Esa chica delgaducha que había pasado lo que le había
quedado de noche durmiendo en la acera se había sentado en la misma con la
espalda apoyada en la pared, miraba al frente con la cabeza agacha, viendo solo
aquel suelo que aún tenía charcos. Su cabeza se apoyaba sobre una de sus manos
mientras, seguía tratando de comprender, quizás interiorizar la situación sin
parar de preguntarse qué haría justo en esos momentos en lo que todo se había
acabado.
Realmente daba pinta de mendiga así como estaba, algún que otro madrugador se
lo hizo saber con alguna que otra moneda; cosa que la hizo compartir con el
cielo una sonrisa triste que era rozada
por alguna lágrima que otra. Debía de tener una pinta horrible, y la tenía,
estaba medio mojada con el pelo echo una mierda, la ropa rasgada y suciedad de
pies a cabeza. Pero al mismo tiempo de ser triste, era gracioso. Le hacía
cierta gracia y por ello soltó una pequeña risa apagada y tosca con la cabeza
pegada a la pared y los ojos cerrados.
Para cuando los
abrió, un hombre mayor al que no conocía de nada; medio calvo, regordete, con
grandes surcos que formaban las arrugas de su cara, estaba justo delante de
ella tapándole el sol.
-Toma, anda-su voz era grabe pero sonaba cálida al mismo
tiempo; a la par que le ofrecía un café y un bocadillo. La chica no entendía a
qué tanta amabilidad tan de repente, pero lo cierto es que tenía frío y algo de
hambre, así que, no lo rechazó, lo cogió con cierta desconfianza pero lo
acepto- Come algo para que empieces bien el día, búscate algo mejor que esto
jovencita-el hombre hablaba como si realmente hubieran esperanzas para alguien
como ella, aunque lo cierto es que ella las había perdido por el camino.
-Gracias… -se las daba por todo en general , y por educación.
La verdad es que la vida le había enseñado a que nadie da nada sin recibir algo
a cambio, pero aquel pequeño gesto le había conmovido. Rebusco algo entre los
bolsillos de su chaqueta buscando algo de suelto que tuviera, tenía la
intención de pagarle aquello pero aquel hombre se acuclillo con dificultad
delante de ella para cogerle la mano y que dejase de buscar.
-No quiero nada, pequeña, lo he hecho por que puedo, no
porque quiera nada. Si tuviera a mi nieta en tu situación, Dios no lo quiera,
me gustaría que alguien la tratase bien. Y eso hago. Serás la nieta de alguien.
Un detalle no se paga con dinero. Ya lo has aceptado, así que desayuna, coge
fuerzas y busca algo mejor y que te guste-parecía un hombre muy amable, bueno,
era un hombre muy amable. Quizás no venía a cuento tanta amabilidad, pero el
caso es que se la dio, y la chica estaba agradecida por ello aunque se le
hiciera raro y tuviera la pregunta del “¿por qué” dibujada en el rostro. Aquel
tipo se levantó, dispuesto a marcharse de nuevo a donde quiera que estuviese
yendo antes de distraerse de su camino un momento. Puede que el tipo hubiese
intentado redimirse, o simplemente fuera así, pero según retomó su camino la
chica empezó a comerse lo que le había dado a grandes bocados y a la desesperada.
Aquel desayuno le había dado fuerzas, además había podido
hacer tiempo, quizás era hora de levantarse y hacer algo, por lo menos darse
una ducha.
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