martes, 1 de septiembre de 2015

Una sonrisa con olor a gasolina

Tú sonrisa de cocodrilo me estaba matando, y yo no hacía más que pensar en que tus ojos estaban preciosos aquella noche de muertos vivientes en la que tus manos se entrelazaban en mi cuello arrebatándome mi preciado aire. Muy valiente de tu parte aprovecharse de alguien que carece de cortesía y sentidos extra. Pero tus ojos estaban preciosos. Tus manos suaves presionando en mi cuello me recordaban al olor de la gasolina, quizás un nuevo perfume de hombres que desconocía, pero créeme si te digo que solo me daban ganas de encender una cerilla para comprobarlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario