martes, 1 de septiembre de 2015

Llueve y nadie quiere perdonarte que estes mojado

Sin embargo, Emil, el chico de las golondrinas se dedicaba a pasear buscando un hogar en el que cobijarse esa noche; porque parece ser que esa tarde no tenía derecho al perdón. Llovía a mares y la vieja de la quinta avenida empezaba a preguntarse que hacia un chico a esas horas sin paraguas caminando por aquellas calles adornadas de barro y escombros. A Emil le pegaba ese rollo de bicho rastrero y de vagabundo que le daba aquella chaqueta verde cuartel. Sus gafas de aviador eran geniales, pero a nadie le parecía bien que las llevase puestas en la cabeza. Botas enormes y negras que pisaban los charcos como si así pudiese limpiar la ciudad de mierda, aunque él no sabía nada. Nunca quiso saberlo, pero en el fondo Desdémona acabaría convenciendo le de que el mundo esta lleno de parásitos simbiontes, acabaría por convencerlo de que se uniese a la causa suicida y él lo sabía.

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